Como la flor marchita al iniciar la primavera, y ese río que
invierte la dirección de su corriente y fluye cuesta arriba. Como el sol que deja de brillar por un instante ocultado
tras un eclipse lunar, y los pasos que
retroceden en mitad del camino.
Como el mensaje borrado segundos antes de ser enviado, como el beso que quedó preso en nuestro pensamiento, y aquel “te echaré de
menos” que jamás pronunciamos.
Así se manifiesta el miedo disfrazado de experiencia, ocultado tras una “falsa” protección.
Y entonces…
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Nos quedamos en el límite marcado por nuestra propia inseguridad, paralizados por miedo a fracasar, por miedo a no cumplir las
expectativas, por temor a no cumplir nuestros sueños.
Pero por una vez, cruza la línea,
Crúzala, y….
Deja que florezca por encima de todas para después
marchitarse, deja que el río desemboque en el mar con toda su fuerza, que el sol brille hasta hacernos sentir exhaustos.
Recorre el camino hasta el final, envía aquel mensaje
que siempre quisiste, libera el beso encarcelado, regala aquel “te echaré de menos”…
Y cuando todo llegue a su fin, podrás decir…
He sufrido, sí. He disfrutado. Pero sobre todas las cosas, HE VIVIDO.
