Dicen que tiempo al tiempo, que
la paciencia es la madre de la ciencia, que el tiempo todo lo cura y que todo lo
bueno se hace esperar…
Pero qué hay de cuando dicen
aprovecha cada momento como si fuera el último, que hay de la frase “en ocasiones debemos
coger el tren en marcha o este jamás volverá a pasar”…
¿Debemos ser pacientes y esperar
a que la vida nos muestre que ha llegado nuestro turno, o debemos lanzarnos y saltar
al tren antes de que llegue a estacionar?
En ocasiones, no sabemos el modo
de encontrar el vehículo que debemos tomar, y que nos llevará al destino que
deseamos, y ¿cómo saber si ese tren te esperará o te invitará a cogerlo? ¿Cómo averiguar
cuál será el camino adecuado y cuánto debemos esperar para tomarlo?
¿Y si hubiera una fugaz cuenta atrás
para demostrar aquello que sentimos pero no decimos?
Constantemente nos demostramos
que necesitamos que el tiempo se acabe para valorarlo, necesitamos sentir la
ausencia y la pérdida para dar importancia a las cosas que nos podían resultar insignificantes.
Y si fuéramos realmente
conscientes de lo efímero que resulta cada día, si supiéramos que lo valioso
desapareciese tan rápido como los segundos, que cada uno de esos momentos pasan
para no volver…
Y si pudiéramos retroceder… ¿caeríamos
una y otra vez en los mismos errores o tendríamos la capacidad de rectificar?
Porque cada momento es valioso,
porque hay momentos fríos, lugares inolvidables, personas a las que querer y a
las que odiar, cosas que echar de menos y sobre todo experiencias de las que
aprender.
Y si….
Y si nos encontrásemos a solas con
el tiempo.
La cuenta atrás comenzó desde
siempre…el momento es ahora.
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